jueves, 28 de febrero de 2013

EE.UU. comienza a perder a los moderados en Siria


EE.UU. enviará ayuda no letal directamente a los rebeldes sirios, por primera vez, según lo declaró el Secretario de Estado, John Kerry, lo que produjo decepción entre los opositores del presidente Bashar Al-Assad que están reclamando por el envío de armas; pero en un cambio de énfasis, en la reunión del grupo de "Amigos de Siria" se subrayó la necesidad de cambiar el equilibrio de poder en el terreno". En el comunicado final se dijo que los participantes se comprometen a "coordinar estrechamente sus esfuerzos con el fin de potenciar mejor el apoyo al pueblo sirio y al Comando Militar Supremo del Ejército Libre Sirio (ELS) en sus esfuerzos para ayudarlos a ejercer la legítima defensa".

La oferta de Kerry de asistencia médica y comidas listas para consumir (MRE), la ración básica del ejército de EE.UU., está muy por debajo de las demandas rebeldes de sofisticadas armas antitanque y antiaéreas que ayuden a cambiar la dinámica del conflicto contra las fuerzas del régimen sirio que cuentan con el apoyo de Rusia e Irán; Kerry se abstuvo de proporcionar otras formas de asistencia no letal, como chalecos antibalas, vehículos blindados de personal y entrenamiento militar a los insurgentes. La semana pasada la UE abrió el camino para la ayuda directa a los rebeldes sirios, pero no levantar el embargo de armas a Siria y luego de las conversaciones de Roma quedó de nuevo en evidencia la falta de interés de EE.UU. y la UE de encabezar una intervención militar directa en Siria, después de la retirada de las tropas Irak y la reducción en curso en Afganistán.

EE.UU., por primera vez, enviará suministros a través del ELS con asesores estadounidenses que supervisarán la distribución de raciones de alimentos y los suministros médicos; el cambio tiene por objeto darle a la Coalición siria una mayor influencia mediante la distribución de la ayuda internacional, pero también es una prueba de la capacidad de los rebeldes para mantener los suministros donados fuera de las manos de los extremistas. Washington también enviará un paquete adicional de u$s 60 millones para que la Coalición proporcione servicios básicos -como sanidad y educación- en las áreas controladas por los rebeldes. Esta cifra está por encima de los u$s 50 millones gastados en ayuda indirecta a la oposición, ahora el objetivo parece apuntar a contrarrestar la red cada vez más eficaz de los servicios prestados por los militantes islámicos que ayudar al pueblo sirio en sí mismo.

Gran Bretaña y otros países que trabajan junto a EE.UU., se espera que vaya más allá y ayude al ELS con equipo de campo para batalla -como vehículos blindados, dispositivos de visión nocturna o los chalecos antibalas-, en un tweet después de la reunión de Roma, el canciller británico William Hague dijo que Gran Bretaña va a "estará anunciando una nueva asistencia"; se especula que las autoridades británicas y francesas capacitarían a los milicianos del ELS, en coordinación con los aliados pero fuera de Siria. Adib Shishakly, jefe de la Coordinación de la asistencia humanitaria de la Coalición, se manifestó "absolutamente decepcionado" porque EE.UU. no ofrece ayuda militar al Ejército Sirio Libre, en momentos que el gobierno sirio está aumentando el uso de la fuerza, incluyendo misiles Scud contra la población.

A principios de esta semana el líder de la Coalición, Moaz Al-Khatib, se había negado a asistir a la reunión lo que refleja la profunda decepción dentro de la oposición siria sobre lo que se percibe como el fracaso de las grandes potencias en ayudarlos a derrocar al presidente Al-Assad; una llamada telefónica del Secretario Kerry, seguida por otra llamada del vicepresidente Joseph Biden hicieron cambiar de opinión a Al-Khatib. Kerry sostiene que una entrada a la oposición permitiría a la administración evaluar qué medidas eran necesarias para su fortalecimiento; en realidad el verdadero interés de EE.UU. es contener el poder de los grupos extremistas, que se afianzan en las zonas liberas y son mini Estados dentro del territorio sirio.

El presidente francés, François Hollande, luego de hablar en el Kremlin dijo que eran necesarios nuevos socios para negociar una salida a la crisis siria y Vladimir Putin se comprometió a considerar la propuesta. Pero Putin dio una cauta bienvenida a la iniciativa de Hollande sobre una ampliación de los actores que podrían actuar como negociadores entre el presidente Bashar al-Assad y los rebeldes de la oposición; a diferencia de las reuniones entre Putin y los predecesores conservadores de Hollande -Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac- el ambiente parecía un poco mejor que en la primero reunión en París en junio de 2012, donde las tensiones fueron evidentes.

De hecho, sus comentarios fueron inusualmente conciliadores para alguien que se ha pasado la mayor parte de los últimos dos años criticando la postura de Occidente sobre la guerra civil siria e insistiendo que el enfoque de Rusia es el mejor y podrían marcar una flexibilización en la postura de Moscú. "Debemos escuchar la opinión de nuestros asociados sobre algunos de los aspectos de ese problema difícil. Me parece que tendríamos que sentarnos con una botella de vodka -una botella de buen vino no sería suficiente- para arreglar las cosas. Tendríamos que sentarnos y pensarlo de nuevo" dijo Putin, a lo que Hollande respondió -en tono de broma- que él preferiría oporto. El dato que rodeó la visita de Hollande es que su país invirtió en Rusia unos u$s 9.000 millones, mientras que Rusia ha invertido alrededor de u$s 190 millones en Francia.

EE.UU. deberá mantener estrechas relaciones de trabajo elementos cuidadosamente seleccionados del ELS, donde la cuestión de las armas podrá ser parte de la ecuación pero como resultado de una formación operativa orientada a la transición junto al abastecimiento de equipamiento militar no letal, Inteligencia táctica; en el escenario pos Al-Assad quienes posean las armas tendrán el control y por ello es vital que se reduzca el abastecimiento paralelo de los grupos yihadistas parásitos que se alimentan de la guerra civil siria. Para ello es necesario que se construya una alternativa creíble y viable al régimen alawita, que sea representativo de las minorías y otros sectores; este gobierno alternativo deberá operar en suelo sirio y no en el extranjero, además deberá contar con el reconocimiento internacional y el apoyo financiero y técnico para la reconstrucción de las zonas liberadas de manera que se re-instale el orden institucional y los servicios básicos.

Kerry pronunció el discurso que debía pronunciar, debido a los dubitativos enfoques sobre el conflicto sirio. Es comprensible que los comandantes rebeldes estén hartos de la negativa de EE.UU. y la UE a proporcionarles armas y la capacitación que necesitan para ponerle fin al régimen de Al-Assad; pero Kerry estableció una importante prueba de credibilidad para él y para el presidente Obama al señalar que la administración desea romper con el actual estancamiento de la guerra civil. EE.UU. tiene mucho más para perder que los rebeldes sirios, ya que si no logra un cambio en el escenario, posiblemente sería su última oportunidad para asociarse con las fuerzas más moderadas dentro la oposición; los grupos radicales por afinidad religiosa responden a la coalición sunita liderada por Arabia Saudita, Qatar y Turquía, y que además, con la ayuda de Jordania canaliza armas sofisticadas a través del territorio jordano a los rebeldes salafistas tal como lo solicitan los rebeldes del ELS.

A casi dos años de guerra civil en Siria, el gobierno de Al-Assad no va a desaparecer pero mientras, los rebeldes están avanzando lentamente y consolidando su poder en áreas liberadas; a su vez, estos grupos rebeldes cada vez más son dominados por elementos radicales extranjeros del estilo Al-Qaeda. La población civil que no se une a las brigadas rebeldes se ve obligada a huir del país, generando aproximadamente 1 millón de refugiados. A principios de 2011, el presidente Obama le pidió a su par Al-Assad que renuncie, algo que el presidente sirio no tiene pensado hacer; tal vez sea un buen momento para que EE.UU. re-evalúe su política hacia Siria.


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