viernes, 12 de abril de 2013

La ventaja de tener aviones en Siria


Las fuerzas sirias combatieron a los rebeldes en la provincia central de Homs, cerca de la frontera con Líbano, como parte de una contraofensiva dirigida a recuperar el control del territorio a lo largo de las estratégicas zonas fronterizas de suma importancia para ambas partes, por el paso de combatientes y suministros que llegan para los rebeldes; particularmente en y alrededor de la ciudad de Qusair -en la provincia de Homs- los combates son particularmente violentos ya que esa zona es considerada vital para el régimen sirio, por su ubicación a lo largo de la carretera que une Damasco con la ciudad de Homs, una ruta de abastecimiento estratégico para los militares. Qusair está habitada por musulmanes chiitas sirios y partidarios del grupo libanés Hezbollah, y que han apoyado el régimen de Al-Assad a lo largo del conflicto, de hecho funcionarios de Hezbollah reconocieron que efectivos de su grupo estaban en Qusair, defendiendo a los chiitas sirios.

En 41 ataques documentados en el informe “Muerte desde los cielos” de Human Rights Watch, se identificaron a posibles objetivos -como bases del Ejercito Libre de Siria (ELS), puestos de control, etc.- dentro de un rango de 50 a 400 metros del ataque, pero los bombardeos a menudo perdieron su presunto objetivo, produciendo daños ilimitados en la infraestructura civil; además la Fuerza Aérea Siria no tiene municiones guiadas para ser lanzadas desde aire. Por ejemplo, en Al-Bab -un pueblo al este de Aleppo- la Fuerza Aérea Siria lanzó varios ataques en las cercanías de una base del ELS en el sur de la ciudad el 3 de septiembre de 2012; el primer avión golpeó un edificio residencial, a 100 metros al sur de la base, matando a cuatro miembros de una familia mientras que un segundo ataque golpeó justo al norte de la base, por lo que la instalación del ELS nunca fue alcanzada.

El presidente Bashar Al-Assad ha aprovechado el poder aéreo -su mayor ventaja en la guerra civil- para hacer que los rebeldes retrocedan y así ha evitado que la oposición logre el establecimiento de un gobierno paralelo en el norte del país. En los últimos meses, la porción norte de Siria desde la frontera con Turquía hasta Aleppo, ha caído en poder de los rebeldes a los rebeldes; este avance se logró con llegada de armas más avanzadas y la ayuda extranjera, pero la capacidad aérea del régimen sirio ha limitado la consolidación de la ocupación rebelde en esas áreas.

El gobierno sirio rara vez emite declaraciones o comentarios sobre los ataques específicos por su Fuerza Aérea, en los pocos casos en que lo ha hecho, los reportes son de carácter general o vagos, haciendo referencia a los ataques contra los "terroristas" y a la destrucción de la "sede terrorista" pero sin aportar ninguna prueba adicional o detalles. Donde era posible hacer que coincidan las declaraciones del gobierno con los casos documentados, Human Rights Watch no encontró evidencia que respaldase las afirmaciones del gobierno -como las muertes de soldados del ELS en los ataques o la destrucción de objetos militares- con la excepción de una declaración del gobierno del noviembre 21 sobre ataque a un hospital de la ciudad de Aleppo.

La repetición de los ataques aéreos indiscriminados perpetrados por las fuerzas del gobierno sirio sugiere una responsabilidad de mando en este tipo de ataques, es decir, hay comandantes sirios que sabían o deberían haber sabido acerca de los ataques aéreos ilegales y estaban obligados por ley a tomar medidas para disuadir o castigar a los responsables, pero no lo hicieron. Y aunque el ELS ha contribuido, al exponer a los civiles mediante la implementación de sedes y otros objetivos militares en zonas densamente pobladas, este tipo de medidas no autorizan a las fuerzas del gobierno sirio para llevar a cabo ataques ilegales; en ninguno de los casos documentados por Human Rights Watch, las fuerzas sirias advirtieron a los civiles anticipadamente de los ataques.

Hay dos datos trascendentales que sirve para evaluar la capacidad de la Fuerza Aérea de Siria para sostener sus operaciones. El primero es que la aviación militar ha lanzado armas incendiarias en zonas residenciales al norte del país pero también han utilizado bombas improvisadas, hechas de cientos de kilos de explosivos metidas en barriles, Human Rights Watch incluso encontró minas navales sin explotar en los sitios sometidos bajo ataques aéreos; esto lleva a pensar que literalmente están arrojando todo lo que tienen. Y el segundo dato es que, luego de la espectacular fuga de un piloto sunita de combate de MiG-21 a Jordania -en junio de 2012- el régimen sirio ha dejado en tierra a los pilotos sunitas, confiando en solo en los alawitas para llevar a cabo ataques aéreos en su lugar.

El máximo comandante militar de EE.UU. en Europa, el almirante James Stavridis, dijo el mes pasado que algunos países de la OTAN está buscando mediante una serie de operaciones militares ayudar a las fuerzas de la oposición siria, incluyendo la imposición de una zona de exclusión aérea, además de proporcionarles ayuda militar; al igual que sucedió con Libia en 2011, es necesaria una resolución del Consejo de Seguridad y un acuerdo entre los 28 miembros de la OTAN. El año pasado, la OTAN desplegó baterías Patriot a lo largo de la frontera de Turquía con Siria, y los líderes de la alianza hicieron hincapié en que los misiles no serán utilizados para derribar las aeronaves que operan en el espacio aéreo sirio; por otra parte se estima que Siria dispondría de 400 aeronaves operativas apoyadas por defensas anti-aéreas sofisticadas que dificultarían cualquier tipo operación en el terreno.

En el actual contexto cada vez resulta más evidente que EE.UU., junto a sus aliados árabes y de la OTAN, subestimaron la capacidad del régimen sirio y sobrestimaron la organización oposición que finalmente determina la actual tragedia humana derivada de la guerra civil; aún si EE.UU. o la OTAN decidieran un plan para el establecimiento de una zona de exclusión aérea –con todo el costo político y material que una operación de tal magnitud implicaría- tampoco garantizaría que la guerra civil termine en el corto plazo ni mucho menos que sus vencedores respetarán los derechos de las minorías.

Esto no implica que la búsqueda de una solución de la crisis siria deba dejarse de lado o que solo resta esperar a que el régimen sirio se quede sin municiones ya que ambas opciones serían a expensas de la población civil. Nuevos métodos deben ser explorados en la forma de alinear los principales actores con intereses en el conflicto sirio, poniendo énfasis en la necesidad de volver a conectar a las fuerzas que representan la voluntad general del pueblo sirio; la revolución siria comenzó de abajo hacia arriba, pero ahora se encuentra bloqueada al medio por intereses externos cruzados.


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