El enviado de ONU, Staffan de Mistura, dijo a periodistas que en los últimos tres días había sostenido "muchas reuniones útiles y constructivas" con los funcionarios del Gobierno sirio, incluidos el ministro de Relaciones Exteriores, Viceministro de Relaciones Exteriores y el presidente Bashar Al -Assad, sobre el plan de acción de ONU basado en la "congelación" de las hostilidades por zonas. De Mistura señaló que el "El plan de acción tiene algunos pocos puntos que son claramente básicos (…) Uno de ellos es la necesidad de centrarse en la amenaza real del terrorismo según lo definido por las resoluciones del Consejo de Seguridad. En segundo lugar es para reducir la violencia (...) Y tres, a través de la reducción de la violencia, tratar de llegar al mayor número posible de personas dentro y fuera de Siria que han estado sufriendo debido a este conflicto en curso, y por eso, espero facilitar y usar eso como un bloque de construcción en la dirección de una solución política".
La propuesta de ONU para detener los combates en Siria es una propuesta modesta: persuadir a los rebeldes y fuerzas estatales en Aleppo a un cese al fuego y abrir corredores humanitarios, para aplicar gradualmente la "congelación localizada” como en otras partes el país. Si las cosas van según el plan, tales medidas en última instancia formarían la base de una solución política a largo plazo para la guerra civil en Siria. El plan de la ONU, de congelar el status quo en Aleppo -que actualmente favorece al gobierno- y frenar las pérdidas de los rebeldes, lleva a la siguiente pregunta: En ausencia de cualquier amenaza militar externa o alguna razón para temer un cambio en el actual status quo, ¿Por qué el gobierno se pondría de acuerdo para permitir que los rebeldes mantengan el control de sus territorios, cuando se presagia la derrota rebelde en Aleppo?
De Mistura propuso por primera vez la idea de treguas locales en la sede de ONU en Nueva York, el mes pasado. Se argumentó que la congelación de los combates en algunas zonas asoladas por la guerra podría ayudar a los trabajadores humanitarios que le proporcionan ayuda a los residentes y además la tregua también podría servir como un trampolín para un acuerdo político más amplio. Los sectores que apoyan este nuevo enfoque parecen ser impulsado por dos nuevos factores en la ecuación Siria: la rápida propagación del Estado Islámico y la intervención liderada por EE.UU. para contrarrestarlo. Mientras que el gobierno sirio parece estar ganando contra los rebeldes moderados, ha sufrido reveses significativos contra los grupos extremistas, incluyendo en bases militares y campos de petróleo. Al mismo tiempo, la negativa de Turquía a involucrarse directamente en el conflicto sirio, parece estar suavizándose.
El frente sur siempre ha sido una de las amenazas más graves para Damasco, y es importante para un gobierno que busca firmemente restablecer y asegurar el control estatal. Sin Damasco, el gobierno se reduciría a poco más que un simple grupo dentro de la guerra civil y es por esto que tiene más influencia en las negociaciones que cualquiera de los otros. Si se amenaza desde el frente sur, se puede –eventualmente- presionar a Bashar Al-Assad para forzar una salida política. Pero en el frente norte, el cálculo es diametralmente opuesto debido a que el ISIS tiene el control de vastas zonas del Norte y Noreste del país. EE.UU. carece de aliados fiables en tierra y es por ello que podría ver al gobierno sirio como la única fuerza capaz de contener los avances en el Norte. A tal efecto, los rebeldes y el gobierno sirio pelean ferozmente por un enclave de Aleppo –Handarat-; la caída de Aleppo precipitaría el colapso en las filas rebeldes y anunciaría su final como un actor del conflicto civil. Además, si el ISIS consolida sus bastiones del Este de Aleppo -en Manbij y Al-Bab- el frente Norte supondrá un dolor de cabeza para Al-Assad, pero más para EE.UU.
La campaña aérea de la coalición, liderada por EE.UU., comenzó el 23 de septiembre. El Pentágono y sus aliados han llevado a cabo unos 740 ataques aéreos en Siria e Irak, desde principios de agosto, incluyendo al menos uno cerca de la ciudad iraquí de Mosul -el viernes pasado- contra un convoy de líderes ISIS; el presidente Obama anunció el viernes que al menos 1.500 soldados estadounidenses más –de los 475 ya desplegados en setiembre- serán enviados a Irak en los próximos meses para entrenar y asesorar a los militares iraquíes en la lucha contra el ISIS. El Observatorio para los DDHH de Siria con sede en Gran Bretaña, dijo que la gran mayoría de los muertos en los ataques aéreos -746 personas- eran militantes ISIS, mientras que otros 68 eran miembros de Jabhat Al-Nusra, mientras que al menos 50 civiles -entre ellos 8 niños y 5 mujeres- también habían muerto en los ataques.
Las operaciones aéreas no cambian la realidad sobre el terreno, solo retrasan o entorpecen los movimientos yihadistas, pero no son parte de la solución para su erradicación. De hecho, el grupo Khorasan -que fue blanco de 2 ataques aéreos- está supuestamente tratando de negociar una fusión entre Estado Islámico y Jabhat Al-Nusra; ambos grupos ahora son rivales, pero ante nuevos ataques aéreos estadounidenses, tal vez la mejor manera de sobrevivir sea uniendo fuerzas.
La desconfianza entre las diferentes fuerzas, es sólo uno de los obstáculos a los cuales de Mistura se enfrenta. La viabilidad de un alto el fuego localizado no radica en la retórica, sino en el equilibrio de poder en el campo de batalla y este plan favorece al gobierno que impulsa una ofensiva colocando a gran parte de las facciones rebeldes a la defensiva. Por otra parte, los rebeldes seculares e islámicos moderados no son una unidad –algunos son enemigos entre sí- por lo que no se pueden sentar todas las partes rebeldes a la mesa de negociaciones para acordar las pautas del cese al fuego; a lo antes mencionado se le debe sumar que las potencias aliadas de los grupos rebeldes han mostrado su escepticismo sobre el plan de de Mistura.
Si no se modifican sustancialmente las condiciones en el terreno, con un claro empate, el alto al fuego estará condenado al fracaso.









