lunes, 4 de julio de 2011

Siria: entre presiones, sanciones y reuniones


Desde los países centrales continúan las presiones para que el régimen sirio comience con un programa de reformas políticas creíbles. Ahora fuentes diplomáticas señalaron que el Consejo de Seguridad se reunirá la próxima semana para tratar la negativa de Siria a cooperar con una investigación sobre sus supuestas actividades nucleares secretas; la decisión se produce luego que el Organismo Internacional de Energía Atómica refirió al Consejo el caso de Siria.

Aunque la acción del Consejo puede tener acarrear sanciones -como las impuestas a Irán por desafiar las demandas de cese de las actividades que podrían utilizarse para fabricar armas nucleares- las mismas son poco probables, mientras que Irán sigue ampliando sus actividades nucleares, ya que en el caso de Siria las supuestas violaciones parecen haber ocurrido en el pasado.

A pesar que miles de refugiados sirios en Turquía están optando por regresar a casa, el país vecino sigue siendo refugio a unas 10.000 personas y esa cifra depende de la situación en Siria. El número de refugiados que huían de la represión del gobierno sirio y que entraron a Turquía alcanzó un pico de 11.739 a finales de junio, cuando las tropas sirias atacaron las aldeas fronterizas y personas desplazadas habían abandonado sus hogares generando una tensión a ambos lados de la frontera.

Esta situación significa un problema logístico para Turquía, pero principalmente es un desafío para la seguridad ya que existe la posibilidad que elementos del Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK) crucen la frontera. Ankara desea contener la violencia en Siria para evitar esta alternativa además de ayudar a Turquía a mantener su influencia en el mundo árabe. Por lo que se plantea el dilema de cómo evitar la intervención militar directa en la frontera pero protegiendo la seguridad interna y alojando a los refugiados sirios en suelo turco.

Mientras las propuestas e iniciativas políticas continúan su curso, en el terreno la situación se puede deteriorar más aún por lo que se necesitan de soluciones creativas que contemplen los limitantes antes citados. Una solución viable es la creación de zonas internas de amortiguamiento cerradas, donde el estado turco pueda ejercer un control directo sobre los refugiados y pueda proveer asistencia humanitaria adecuada.

Este modelo funcionó en 1991, en la Guerra del Golfo, cuando Saddam Hussein atacó a los kurdos en el norte de Irak y alrededor de 1,5 millones de kurdos-iraquíes huyeron hacia Turquía. Estados Unidos comenzó la operación "Provide Comfort", que estableció las bases para entregar ayuda humanitaria a los refugiados desde el interior de Turquía, y envió una fuerza de la coalición al norte de Irak para establecer una zona desmilitarizada. Con la operación “Provide Comfort II” se protegió a los kurdos de los ataques iraquíes. Ankara retomar este modelo, con una escala menor, para darle una respuesta adecuada a este problema de seguridad en desarrollo.

Si bien las reuniones políticas ahora son algo habitual en Siria, también lo es la falta de una visión común entre las distintas facciones, que además reflejan las fisuras dentro de la oposición y éstas podrían romper el dialogo nacional previsto para el 10 de julio. Por ejemplo, más de 100 intelectuales y reformistas celebraron una reunión ayer en Damasco, "Iniciativa Nacional para el futuro de Siria". Los organizadores dijeron que la reunión tenía como objetivo discutir las formas para evitar más derramamiento de sangre y mover a Siria hacia un Estado democrático y civil.

Sin embargo, el encuentro estuvo marcado por discusiones entre los participantes y terminó en enfrentamientos cuando el opositor sirio Salha Majed irrumpió en la sala de reuniones y gritó consignas pidiendo el derrocamiento del régimen, los participantes lo golpearon y lo arrojaron fuera. Mohammad Habash, miembro del parlamento sirio y el organizador de la reunión, dijo que la misma se llevó a cabo principalmente para unificar los puntos de vista entre las autoridades sirias y los partidos de oposición.

Los activistas de la oposición, cuya mayoría vive fuera de Siria, consideran que es demasiado tarde para reducir la brecha entre el régimen y los manifestantes. Algunas figuras de la oposición, que habían exigido inicialmente reformas radicales, ahora han elevado el límite de sus demandas hasta el derrocamiento del régimen, citando como causa a la violenta represión contra los manifestantes. El escepticismo ha reemplazado al miedo, entre los sirios, que ahora se preguntan si la oposición será capaz de discutir a fondo sus diferencias y mostrarse en un frente unido para definir el futuro de Siria.

El desacuerdo político es uno de los mayores obstáculos que tiene por delante la propuesta del gobierno para el Dialogo Nacional convocado por el presidente Al-Assad para el próximo domingo. Las diferencias políticas son saludables en una democracia, pero Siria no tiene una y cada día se aleja más con estas acciones; la falta de entendimiento entre las fuerzas sociales -sin lugar a dudas- favorece al régimen sirio que gana tiempo pidiéndole a las figuras de la oposición que delineen la transición, cuando se conoce de antemano la falta de acuerdo y la imposibilidad de arribar a un consenso mínimo sobre el tema.

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